Estoy cansado, jefe, quiero dejar de querer tantas cosas.
Ya nadie me espera y nada me apura.
Aún así corro por las calles con ímpetu,
con ganas de llegar a alguna parte
con esta tristeza que siempre llevo a cuestas
y siempre es tan fácil de ocultar
entre tu risa cuando coincide con la mía
en el olor que dejas en mi ropa
o la caricia que derramo cuando no te tengo cerca.
Ya nadie me espera y nada me apura.
Yo sigo apurando el paso,
ansioso por llegar a ninguna parte
interrumpiendo tus palabras
acelerándome sin excusa ni motivo
buscando algún recoveco de tu alma que no he visitado
encantándome cuando descubro ese rincón
maravillándome con la inocencia de un niño
acurrucándome en tu recuerdo cuando estoy lejos
deseando volver en el tiempo a repetir eso que me hizo tanto bien
buscando aliviar la nostalgia del futuro, como decía Teillier,
esa "de lo que no nos ha pasado, pero debería pasarnos"
y aunque quizá nunca llegue
su existencia calma mi prisa
y aunque el futuro me espera y el mañana me apura
camino despacio
duermo sereno
despierto en calma
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